jueves, 2 de enero de 2014

El Mágico Mundo de las Emociones

 

En una maravillosa entrevista con Eduard Punset, el neurólogo Antonio Damasio explica algo que todos sabemos aunque no seamos conscientes en muchas ocasiones: un estímulo externo genera una emoción y un posterior sentimiento en nosotros que afectará de una manera muy directa a nuestro comportamiento y a nuestras decisiones. El cómo gestionemos esa emoción y ese sentimiento será determinante en el desarrollo de nuestras vidas, y lo que es más importante, en la relación con nuestros hijos.
Cuando nuestro hijo se niega, por ejemplo, a realizar sus tareas (estímulo), nos  enfadamos (emoción), el  pulso se acelera, comenzamos a mover nuestras extremidades nerviosamente y automáticamente pensamos que la forma de acabar con esa situación es gritar y probablemente castigar. Pues bien, cuando somos conscientes de todo esto, hemos creado un sentimiento, en este caso negativo (rabia, impotencia) que a la vista está, no traerá nada bueno. Por desgracia, las emociones negativas que las personas sobrellevamos a lo largo del día son más de las que desearíamos.
Para este neurólogo luso, la gestión de las emociones negativas puede hacerse mediante el uso de la voluntad: “la voluntad es realmente un método para educar a la razón en la búsqueda de un estímulo que pueda volverte positivo en tus emociones”
La idea, tal y como él manifiesta, sería la de contrarrestar la emoción negativa con otra emoción positiva más fuerte.
En consonancia con lo anteriormente expuesto, Damasio manifiesta: “podríamos decir que el objetivo de una buena educación para los niños, los adolescentes, e incluso para nosotros mismos, es organizar nuestras emociones de tal modo que podamos cultivar las mejores emociones y eliminar las peores, porque como seres humanos tenemos ambos tipos”
Si conseguimos que en  la educación de un niño predominen los sentimientos positivos sobre los negativos, habremos educado en valores, y si educamos a muchos niños en valores, tendremos una sociedad basada fundamentalmente en valores positivos. Huelga decir lo que una sociedad que se rija por valores positivos puede conseguir.

El cerebro humano es un órgano que al nacer es prematuro, termina de desarrollarse una vez que el niño ha abandonado el útero materno. El motivo de esto es que si el cerebro adoptase su tamaño de madurez dentro de la madre, difícilmente las caderas femeninas podrían soportar el momento del parto. Este dato es fundamental para los que tratamos con niños. Estamos diciendo que el órgano encargado de la obtención de herramientas propias para vivir de una manera sana a nivel emocional y cognitivo, aún no funciona adecuadamente.

En la parte superior del cerebro se encuentra la corteza cerebral junto con las partes que la forman; pues bien, este lado superior del cerebro es el encargado, entre otras cosas, del correcto razonamiento y es el responsable de que se produzca una buena gestión de las emociones. Pues bien, según la psicoterapeuta Sue Gerhardt, hasta los 2 ó 3 años de edad, todo lo que hagamos, todo lo que el niño reciba y perciba, deja huella en esta zona cerebral superior, que posteriormente se desarrollará. Esta especialista menciona algo tan bello como que el amor actúa como modulador del cerebro.”
Según Gerhardt, “los vínculos afectivos seguros permiten que el niño después se relacione mejor con los demás”. Es más, esta psicoterapeuta ha demostrado que las sustancias bioquímicas relacionadas con el placer, ayudan a desarrollar las funciones de la parte superior del cerebro.
En sintonía con Sue Gerhardt, aludimos a Alison Gopnik, para quien los bebés y los niños son el departamento de I + D de la especie humana. El ser humano depende del aprendizaje para su supervivencia, y es en la etapa de inmadurez en la que mayor profusión tiene éste, de ahí que la etapa de dependencia sea tan prolongada en la especie humana. Son muchos los años de aprendizajes que la vida nos ofrece, que bien utilizados, podrán dar un fruto maravilloso.

Basándose en investigaciones, esta psicóloga afirma:

“una de las cosas más importantes que tienen que aprender los bebés es a amar porque el hecho evolutivo de que sean tan dependientes de nosotros significa que hay que ocuparse de ellos, y tienen que entender cómo funciona el afecto. Nuestra capacidad de amar es una de las más importantes como seres humanos. Hemos descubierto que incluso los bebés más pequeños ya son suficientemente sensibles como para entender cómo funciona el amor. Por ejemplo, algunos bebés parecen aprender que si están afligidos y lloran su papá o mamá se va a ocupar de ellos. Pero parece que hay otros bebés que aprenden que si lloran, papá y mamá se van a disgustar más y no se van a ocupar tanto de ellos.”

“(…) en función de su propia relación con sus cuidadores, tendrán distintas predicciones en relación con los demás. Así que incluso esos bebés tan pequeños, algunos piensan: “Ah sí, cuando el bebé llora, mamá se acerca”. Y otros piensan que cuando un bebé llora, mamá se marcha. Y tenemos datos que prueban que esa idea tan básica de cómo me trata la gente a la que quiero, se mantiene hasta la edad adulta”

Podríamos decir, pues,  que de las investigaciones de los últimos años se extrae que:

·         Las emociones y sentimientos se generan por un estímulo externo.

·         Las emociones y sentimientos determinan nuestras conductas.

·         Los sentimientos positivos contrarrestan a los sentimientos negativos.

·         Nacemos con un cerebro inmaduro.

·         Las sustancias bioquímicas relacionadas con el placer ayudan a desarrollar la parte superior del cerebro, encargada, entre otras cosas, de un buen razonamiento y gestión de las emociones.

·         Hasta los 3 años de edad, lo que perciba el niño, deja huella en la parte superior del cerebro, que se irá desarrollando con los años.

·         El amor moldea al cerebro.

Por lo tanto, si, sobre todo, en los primeros años de vida, el niño recibe un trato adecuado, emocionalmente hablando, la corteza cerebral y las partes que la integran, se desarrollarán de una manera más efectiva, lo que significa que estará mejor preparada para gestionar situaciones límites, como por ejemplo de estrés; y deduzco, asimismo, que la capacidad para potenciar los sentimientos positivos sobre los negativos también será mayor.
Muchos estaréis pensando, esto está muy bien, pero, ¿qué hago entonces? ¿cómo me relaciono con mi hijo?

En Disciplina Positiva, una de las sugerencias que intentamos transmitir en el trato con los pequeños es la de CONEXIÓN ANTES QUE REACCIÓN. Con conexión nos referimos precisamente a la parte emocional de la que he estado hablando en este artículo.
Daniel Siegel, en su conocido libro “El cerebro del niño”, habla de la INTEGRACIÓN, tanto del hemisferio derecho con el hemisferio izquierdo, como integración de la parte inferior del cerebro con la superior del mismo. Siendo esquemáticos, podemos decir que:

·         Hemisferio derecho: es emocional, experiencial y no verbal. Se      especializa en las imágenes, las emociones y los recuerdos personales.

·         Hemisferio izquierdo: es lógico, literal, lingüístico y lineal ( orden)

·         Parte inferior: incluye el tronco cerebral y el sistema límbico. Se ocupa de las funciones básicas, reacciones innatas e impulsos y de las emociones fuertes.

·         Parte superior: se compone de la corteza cerebral y sus distintas partes, incluida la llamada corteza prefrontal media. Esta parte está más evolucionada, y se encarga, entre otras cosas, de tomar decisiones y planificar con sensatez, controlar las emociones y el cuerpo, entenderse a sí mismo, sentir empatía y tener sentido de la ética.
 
Durante los 3 primeros años de vida, y desde el punto de vista del desarrollo, lo que predomina en los niños es el hemisferio derecho; para ellos, “la lógica, las responsabilidades y el tiempo no existen”
Para que haya un equilibrio en los actos, es necesario que exista una integración horizontal de ambos hemisferios, así como una integración del cerebro inferior con el cerebro superior.
Para conectar con nuestro hijo, si éste está actuando predominantemente con el hemisferio derecho, dejándose llevar por las emociones, y a su vez, reaccionando con los impulsos propios de la parte cerebral inferior, difícilmente podremos llegar a él a través de la lógica y el razonamiento, ya que éstas pertenecen al hemisferio izquierdo y nuestro hijo en ese momento lo tiene bloqueado. ¿Qué hacer entonces? Pues adentrarnos en su mundo con nuestro hemisferio derecho, que nuestras emociones hablen con sus emociones, que nuestro hemisferio derecho eche el ancla en el hemisferio derecho del pequeño, y cuando esta afinidad se haya logrado, entonces es cuando podemos, poco a poco, adentrarnos en el hemisferio izquierdo, para poder, de esta forma, razonar sobre la situación que ha dado lugar al conflicto. Si conseguimos esto, podemos llegar a equilibrar la situación, ya que el razonamiento propio de la parte izquierda y de la parte superior ayudará a gestionar la emoción de la parte derecha y la parte inferior.
Debe existir una integración tanto horizontal como vertical para que se dé un correcto funcionamiento del cerebro.

 

 


Macarena Soto Rueda
Educadora para Padres en Disciplina Positiva

 

 

jueves, 26 de diciembre de 2013

El mágico mundo de las emociones II.



Transmitir este tipo de contenido con palabras no es la forma más adecuada, ya que es en los talleres de Disciplina Positiva, cuando trabajamos con la técnica del role-play, cuando los padres podemos ver a través de los ojos de un  niño y actuar en consecuencia.
Por suerte, son muchas las herramientas de Disciplina Positiva que nos ayudan a retomar la maternidad con la ilusión del primer día, convirtiendo los retos diarios en herramientas de aprendizaje.
Creo importante, antes de entrar a detallar casos diarios, aconsejar la adopción de determinadas pautas de conducta que os ayudarán a los papás y a las mamás, a conectar, y asimismo, os facilitarán una convivencia más pacífica con vuestros hijos.

v  El TIEMPO. Es fundamental en la crianza de nuestros hijos: 

o   Respetar el ritmo de cada persona, y especialmente el de los pequeños. Por favor, no contagiemos a los niños con nuestro desenfrenado ritmo de vida. 

o   Dedicar tiempo a enseñar cómo deben hacerse las cosas, usando herramientas educativas respetuosas para el aprendizaje. ¿habéis dedicado tiempo en explicarle a vuestro pequeño, por ejemplo, porqué  es importante el respeto para poder convivir?
 
v  CUIDADO PERSONAL. Difícilmente podremos transmitir calma a nuestros hijos si nuestro estado habitual es el nerviosismo y la ansiedad. El cerebro es un órgano social, y se “contagia” fácilmente de las conductas y emociones ajenas. Debemos cuidarnos para poder cuidarlos a ellos. 

v  TRANSMITIR EL MENSAJE. ¿Dejamos que nuestro enfado se manifieste como un caballo desbocado cuando una actitud infantil nos irrita, y  descalificamos a los niños por dicha actitud? ¿O por el contrario les explicamos el porqué de nuestro sentimiento de enojo y les argumentamos de qué otra manera podrían haberlo hecho? 

v  ETAPAS EVOLUTIVAS, PREJUICIOS Y NECESIDADES BÁSICAS. Ante una conducta que te enoje, cuestiónate lo siguiente:
 

*      ¿Es propia de la edad?

*      ¿Son tus manías, prejuicios o el qué dirán, lo que más te ha molestado de la conducta de tu hijo?

*      ¿Tiene tu hijo sueño, hambre, no se encuentra bien o ha tenido un mal día? 

v  ESTUDIAR LOS TEMAS CON DETENIMIENTO. Una conducta que se repite en el tiempo y probablemente cada vez con más intensidad, no puede solventarse en el momento conflictivo. Debe tratarse en momentos de serenidad, buscar la creencia errónea del pequeño y trabajarla día a día. Sólo así podrá haber un correcto aprendizaje por parte del pequeño. 

v  EL CEREBRO ES INMADURO. No olvidemos que el cerebro de un niño está desarrollándose, es inmaduro, y lo será hasta pasado los 20 años. A su favor tienen que la etapa de inmadurez se corresponde con la etapa de aprendizaje, por lo que tenemos mucho tiempo para que adquieran conocimientos. No tengamos prisa y hagámoslo bien.

Dedicad unos minutos a analizar si seguís normalmente estos pasos en la crianza de vuestros hijos.
Ahora sí, paso a citar casos prácticos que espero os ayuden en vuestra gran aventura como padres.

1.- Conectar y dirigir (El cerebro del niño, Daniel J. Siegel):
 
Una noche el hijo de Tina, de siete años, se presentó en el salón poco después de irse a la cama: ¡Estoy enfadado porque nunca me dejas una nota por la noche! ¡Nunca me haces cosas bonitas, y estoy enfadado porque todavía faltan diez meses para mi cumpleaños, y no aguanto los deberes!                 

En este caso, su madre podría haberlo mandado directamente a la cama, o se podría haber puesto a la defensiva, argumentando que eso no se ajustaba a la realidad o que los deberes eran obligación suya; sin embargo, Tina sabía que su hijo estaba siendo dominado por el hemisferio derecho, y que no que necesitaba era equilibrar la parte derecha con la izquierda del cerebro, así que actuó en consecuencia: Tina lo estrechó, le frotó la espalda y, con tono maternal, dijo: “A veces las cosas se ponen difíciles, ¿verdad que sí? Yo nunca te olvidaría. Siempre te tengo presente, y quiero que sepas en cada momento lo especial que eres para mí.” Lo abrazó mientras él le explicaba que a veces sentía que ella le hacía más caso a su hermano menor que a él, y que los deberes le ocupaban demasiado tiempo. Tina advirtió que su hijo se relajaba a medida que hablaba. A continuación, abordó brevemente los temas concretos que él había mencionado, ya que ahora estaba más receptivo para intentar solucionar problemas, y acordaron seguir hablando por la mañana. 

2.- Conectar y dirigir. Caso de Talleres para Padres de Disciplina Positiva:
Jaime es un niño de 4 años que se levanta llorando y pataleando casi cada día diciendo que no quiere ir al colegio. Se niega a vestirse y a desayunar. (Su madre ya lleva tiempo hablando con él y ha tenido tutoría con su profesora. Han llegado a la conclusión de que es miedo a no “hacer bien las fichas”, sería una creencia errónea de incapacidad, por lo que llevan días trabajando la autoestima en otros aspectos de su vida)
La mamá intenta abrazarlo, algo a lo que él se niega. Tras un rato de oposición:

Mamá: te veo muy enfadado cariño, entiendo que no quieras ir al colegio

Jaime: ¡No, no quiero! ¡Es un rollo! ¡Me aburro!

Mamá: ¿puedo abrazarte? Sólo quiero darte un beso

Jaime no dice que sí, pero tampoco se opone. Su mamá lo abraza y lo consuela, diciéndole que lo entiende, que de pequeña había días en los que ella tampoco quería ir. Jaime se relaja un poco.

Mamá: Venga, que hoy te ayudo a vestirte y a desayunar.

Jaime: ¡Vale! ¡¡Pero yo no voy al colegio!!

La madre en ningún momento le dice que no va a ir al colegio, sólo está conectando con el hemisferio derecho de su hijo e intentando tranquilizar a la parte reptil del mismo. Poco a poco, va hablándole de sus amigos del colegio y de lo bien que se lo pasan juntos. Jaime no dice nada, pero su talante comienza a cambiar. La mamá le dice que a ella de pequeña le daba miedo hacer las fichas, pero que luego se daba cuenta que era capaz de realizarlas y que aprendía mucho.
Tras el desayuno, su mamá le dice que se lo pasará muy bien en el colegio, a lo que Jaime contesta llorando diciendo que no quiere ir, aunque esta vez, con menos cólera. Su mamá se arrodilla, se pone a su altura y lo abraza:

Mamá: ¿qué te parece si te llevas al colegio el libro de Mickey que tanto te gusta? Podrás enseñárselo a María, seguro que lo pasáis muy bien.
Jaime, finalmente, se sienta en el coche y se dirigen al colegio, pero en el momento de salir del vehículo, se niega, y su madre no sabe cómo convencerlo. Finalmente, tras comprobar que jugar al pilla-pilla no la llevaba a ningún sitio, la mamá decide entrar y sentarse junto a él, vuelve a abrazarlo y a decirle que lo entiende, que entiende su miedo, pero que él puede hacerlo bien, porque es capaz, y que si se equivoca no pasa nada, porque está aprendiendo, y su seño lo ayudará.
Jaime entró a la clase abrazado de su madre, se quedó en brazos de su profesora, pero sin llorar, más tranquilo.
Poco a poco Jaime opone menos resistencia para ir al colegio, va superando su creencia errónea de la incapacidad. Esta situación se repite cada vez con menos frecuencia y con menos intensidad, ¡incluso hay días en los que Jaime está deseando ir al colegio!

2.- Asegurarse de que el mensaje de amor es recibido. (Cómo educar con firmeza y cariño, de Jane Nelsen)

La señora Smith tenía miedo de que su hija estuviera tomando drogas. Había encontrado un paquete de seis cervezas en el suelo del armario de su hija. La confrontó con el paquete de seis cervezas en la mano.

-¿qué es esto?

-Parece un paquete de seis cervezas, mamá.

-No te hagas la lista conmigo, jovencita. Cuéntamelo.

-Mamá, no sé qué quieres que te cuente.

- He encontrado estas cervezas en el suelo de tu armario jovencita, y será mejor que me des una explicación.

-Oh, se me había olvidado por completo, se la estaba escondiendo a una amiga

-Sí claro, ¿crees que me voy a creer eso?

-Me da igual si lo crees o no.

En este caso, la preocupación de la madre había llegado al miedo, se había dejado dominar por la parte inferior de su cerebro, estando realmente impedida para dialogar de una manera conciliadora con su hija. Le mostró su enfado y desconfió de ella, mandándole el mensaje indirecto de que era una mentirosa, sin embargo, lo que la señora Smith quería transmitir a María era algo muy distinto, y no lo hizo debido a su intenso estado emocional.
Al día siguiente, la señora Smith retomó la conversación con su hija, pero en esta ocasión teniendo claro el mensaje que quería transmitirle:

-¿Podemos hablar?

-¿De qué quieres que hablemos?

-Estoy segura de que, cuando empecé a gritarte por lo del paquete de cervezas anoche, tú ni siquiera me importabas.

María se sintió tan comprendida que comenzó a llorar. Con tono de voz acusador y tembloroso, dijo:

-Es verdad. He estado sintiendo que para ti yo no soy más que una molestia, y que sólo mis amigos se preocupan realmente por mí.

-Entiendo que te hayas podido sentir así. Cuando me angustio y te ataco, en lugar de tratarte con cariño, ¿cómo ibas  a sentirte si no?

-Siento muchísimo la forma en que metí la pata ayer.

-No pasa nada, mamá. Yo se lo estaba escondiendo a una amiga de verdad.

-María, te quiero muchísimo. A veces me asusta que puedas hacer cosas que te perjudiquen. Mis miedos me vuelven loca y se me olvida decirte que es sólo porque te quiero.- Rodeó a María con los brazos y dijo-: ¿Vas a darme otra oportunidad? ¿Podemos empezar a hablar y resolver juntas problemas con un amor e interés mutuos?

-Claro mamá, me parece bien.

Como podéis observar en los tres casos expuestos, la conexión emocional es fundamental, sólo estando en sintonía con nuestros hijos, podremos encontrar actitudes conciliadoras y colaboradoras. Somos los adultos los que primero debemos buscar esa armonía con las emociones de los pequeños.
 Si practicáis esto con asiduidad, en poco tiempo, os sorprenderá ver cómo son vuestros hijos los primeros en usar técnicas de conexión emocional, con sus hermanos, sus iguales, e incluso con vosotros.

 

 

Macarena Soto Rueda

Educadora para Padres en Disciplina Positiva

 

 

Alabar vs Motivar

 

Sobran las palabras para decir que en los últimos tiempos, las noticias y la información sobre la necesidad de alabar a los niños de forma continua ha sido desmedida.
         Este hecho más que ayudar en la educación y formación de los infantes, lo que ha provocado es todo lo contrario, es una búsqueda de aprobación externa por parte de los pequeños en todas las acciones que realizan.
         Muchas otras veces vamos más allá de la adulación, creando una directa relación de causalidad entre lo que el niño realiza y nuestras emociones, cargando así al pequeño con un responsabilidad que no le corresponde y que más que alentarlo lo cohíbe en el desarrollo de su personalidad.
Todos desde casa podemos hacer un sencillo ejercicio práctico contestando a estas preguntas: ¿cómo nos sentiríamos si tuviéramos a una persona al lado que al terminar la sopa nos dijera: “¡Muy bien, María, lo has conseguido!, o que mientras estamos conduciendo nos digan ¡qué bien lo haces Miguel!, o que al aparcar nos dijeran: Pilar, ¡eres una campeona, qué orgullosa estoy de ti!?”...da risa, ¿verdad?
Pues a eso nos hemos dedicado muchos padres durante mucho tiempo bajo el lema de “a los niños siempre hay que hablarles en positivo”
Voy más allá, ¿cómo nos sentiríamos cuando al realizar una acción no oyéramos de fondo esa alabanza a la que nos han acostumbrado desde pequeños?
¿Nos hemos planteado dónde está apoyándose la autoestima del niño cuando sus acciones aparejan un sincesar de adulaciones?
¿Nos hemos planteado que probablemente el pequeño no se atreva a realizar acciones más arriesgadas o importantes por temor a no recibir un derroche de halagos?

Es un tema delicado el de alabar, de hecho, la alabanza debiera reducirse al caramelo que de vez en cuando todos tomamos.
Hablar en positivo a los niños es algo muy bueno para el desarrollo de los mismos, sin embargo, lo que muchos padres y educadores entienden por hablar en positivo es muy distinto de lo que esto es en realidad.
Entonces, ¿cómo actúo? ; pues motivándolo, haciéndolo consciente de sus capacidades, consiguiendo que tome contacto con sus cualidades, valorando y haciendo que por sí mismo, el niño valore a su vez el proceso que ha desempeñado al realizar la acción. La motivación debe ir dirigida a la acción que realiza el niño, no al niño en sí.
Y sí, muchos diréis, “eso es muy complicado”, y yo, que soy madre, os digo, “sólo al principio”. En cuanto cambiamos el esquema de pensamiento, en cuanto pensamos en la acción que ha realizado el pequeño y el esfuerzo que le ha supuesto, y en el momento en que nos percatamos de que valorando dicho proceso, el niño también se valora a sí mismo, entonces, cuando tomamos consciencia de todo esto, el chip cambia, y cambia de forma automática.
Con el tiempo podremos observar cómo nuestro hijo desarrolla su personalidad sin esperar aprobación externa, se atreve a realizar cosas cada vez más complejas, se equivoca y lo vuelve a intentar, y sobre todo, confía en sí mismo. Este es el objetivo de la motivación; el niño adquiere una buena autoestima.
Para concluir, os aporto una serie de frases que aparentemente significan lo mismo pero cuyo efecto en el que las recibe es totalmente diferente.

 
                                                                 ALABAR                                                 
¡Eres un campeón!
¡Qué lista eres!
¡Qué contenta estoy, te has comido toda la fruta!
¡Qué bien, te han puesto un positivo!
¡Te ha quedado la cama perfecta!
 
MOTIVAR
 
Has hecho un gran esfuerzo
 Se nota que estudiaste mucho
¡Cuántas vitaminas tienes ahora en tu cuerpo!
Observo que cada vez participas más en clase
Veo que no te han quedado arrugas en la cama, dormirás muy bien
 
Como veis, las frases motivadoras se dirigen a la acción realizada. El niño toma consciencia de que lo que ha conseguido, ha sido por él mismo, y aprende a valorarse, sin necesidad de buscar la aprobación externa. 
Pensemos en la acción que el niño realiza y en el beneficio que ésta le aporta, y pongámoslo de manifiesto, estaremos trabajando en la creación de su sana autoestima.

 

Macarena Soto Rueda

Educadora para Padres en Disciplina Positiva

 

 

Fuentes: Cómo educar con firmeza y cariño, de Jane Nelsen/ Alfie Kohn (artículos varios)